YEBRA EN ALMíBAR
“The one who returns from a journey is not the same as the one who left”
No sé si La Discreta se planteó alguna vez, además de la evidente repercusión en la editorial y en la difusión de su trabajo, los efectos secundarios que estas giras intercontinentales podían provocar en su troupe.
Una troupe que a lo largo de esta última cruzada, se ha vestido con el paso ligero de Noemí cada mañana hacia la playa, con la férrea esperanza de Juan ante los imprevistos y con las interminables variaciones de Pedro, como técnica compositiva innata. Con el revoloteo sutil de Blas y la indiscutible verdad del corazón de Chuchi. Una troupe que lejos de ser arrasada por el anunciado huracán Fajardo, lo recibió transformado en brisa refrescante cargada de luz. Una troupe que acogió al nada silente Santiago durante unos días, para disfrutar de su abanico infinito de palabras certeras.
Desde mi puesto, detrás del micro, he observado, sentido, padecido y celebrado cada día con la responsabilidad y el privilegio de prestarle mi voz a Julia (y a Mir, y a Cervantes, y al Silente…) ante públicos dispersos, entregados, ausentes, familiares, generosos, desconocidos, internautas, radiofónicos, tardíos…
Y he comprendido, ahora lo sé, que sólo cuando canto pertenezco a todo esto. Pero siempre con la fortuna de ser la encargada, junto a los recitadores, de hacer llegar palabras hermosas y mensajes directos, deletrear verdades y dibujar sentimientos universales que a nadie dejan inmune, y mucho menos a mí. Cada concierto una catarsis, una terapia gratuita para el alma…
Por eso, envuelta otra vez en la rutina y sin turquesas, ya no puedo ser la misma. Porque cierro los ojos y aún saboreo el inolvidable son&ron con los Bonyé o el recuerdo amable de aquellos que durante el recorrido me regalaron espacio y tiempo para compartir la energía.


Ana Antonia López dijo:
mayo 13, 2010 a 5:00 pm
YEBRA EN ALMIBAR: no doy créditos a mis ojos ni a mis sentimientos. Me preguntaba, ¿quién escribe? Confirmas cibernéticamente tu ternura y sensualidad al dar voz a Julia y Don Pedro; y aunque hayas retornado a la Iberia, la turquesa de tus ojos y la dulzura de tu voz se quedan de este lado del Atlántico, precisamente se quedan en el Caribe de Don Pedro y Julia. Porque “sencillamente” ya nos perteneces, pues bien nos recuerdas que:
“The one who returns from a journey is not the same as the one who left”,
y me haces recordar que
“Truth is but a resting place until the next revelation”, y que
“He who pours himself out like a stream is acknowledged at last by knowledge that finishes often with starting, and with ending begins”
Lo que sigue lo escribí para la Troupe de Trapo a través de Juan, pero quise colgarlo aquí:
Gracias amigos, gracias amigas, gracias del alma. Y gracias por recordarme que la vida fluye en la poesía, que hay que visitarla aunque a veces duela y aunque uno esté dolido; que no siempre duele, pues eso es la vida: dolor, amor, ternura; una masilla de ilusiones que no debemos dejar de mojar ni de remodelar. Pues si me he re enamorado de la poesía, si mi cerebro bulle y mi corazón canta, es que ustedes llegaron justo a tiempo cuando se rompen las aguas (es larga la historia), y ¡oh bonye! justo para contradecir “las primeras zozobras”.
Doña Carmina y yo les extrañamos un montón. Mejor que lo diga las palabras de Doña Carmina, las que transcribí de un mensaje que dejó en mi contestadora antes de ayer:
Martes 9:53 a.m.
“Ana, soy yo, buenos días. No me canso de oír el disco, y cada vez que lo oigo me gusta más. Entonces, nada, quisiera decirle a ellos cuanto orgullosa yo me siento por ese trabajo que hicieron todos ellos. La verdad que es una cosa bellísima; la música cada vez me gusta más, como recitan, todo, todo, todo. Bueno, cuando puedas tú me llamas.”
Ayer, mientras Doña Carmina y yo visitábamos varias librerías (lamentablemente no hice citas, y escogí la hora de almuerzo), nos deleitábamos oyendo el disco. Es “sencillamente” tierno, dulce, frutal unas veces; otras, recio y torvo, lanzándote vehementemente contra tu conciencia. El piano del Maestro es “sencillamente” genial; los arreglos dulcemente impredecibles, inesperados, asombrosos, inquietantes. Las voces melodiosas llenas de ternura y asombro, que luego te vuelcan en la dura realidad antillana, y más allá de Las Antillas. Doña Carmina y yo estamos “sencillamente” de acuerdo en extrañar la dulce voz de Mónica.
Y siempre tendré grabada en mi memoria la magia que hicieron en esta ciudad de Santo Domingo con un puño de espectadores y con apenas un piano y percusión y con voces con caras de compromiso, apego, humanidad y amor; para luego perder el seso cuando Los Bonyé les regalaron un escenario que les confirmó la fe en este “País inverosímil”. GRACIAS!
Elena dijo:
mayo 13, 2010 a 10:45 pm
Infelizmente, yo solo os he podido seguir desde la distancia. Y a trompicones, a traves de los breves mensajitos que de vez en cuando dejabas caer en mi correo. Pero lo que dices aqui es lo que se respira en cada una de las fotos tuyas que veo. Entrega, pasion, conexion, simple felicidad de poder estar haciendo lo que mas FELIZ te hace en este mundo. Me uno a las palabras de los que te oyeron en tus conciertos tropicales, a los que aman a Julia de Burgos y ahora echan de menos tu voz ademas de echarla de menos a ella. Porque solo esa entrega absoluta que te caracteriza es capaz de levantar puentes. Consiguiendo transmitir tantas emociones a un publico desvivido, como no ibas a volver diferente? Lo que me empieza a extranyar es que siquiera volvieras….
Pena, penita, de no haberos podido ver. Pero un orgullo INMENSO de ver el carinyo y la admiracion que habeis despertado. Mil besos y ENHORABUENA
Pedro dijo:
mayo 14, 2010 a 12:43 am
Gracias, Mónica, por los cuidadosos y acertados epítetos que nos regalas. Espero que en breve se puedan colgar algunas fotos más -¡incluso videos…!- en donde luce con más esplendor aún que en las hasta ahora expuestas (y ya es difícil, eh) lo que has llegado a disfrutar en destacados y celebrados momentos de esta gira que ya fue.
En cuanto al comentario que escribe Ana, os diré que me emociona sobremanera que a Doña Carmina le guste el disco, y se lo agradezco en el alma. Al apreciar su reconocimiento por esa labor (siempre brava) soy consciente de que en su base está la admiración que todos sentimos por la poesía de D. Pedro, a la que se añade además la benevolencia con que presenció el recital las dos veces que lo dimos en dominicana. Así, no es de extrañar que Doña Carmina y Ana Antonia echen en falta la voz de Mónica, ausente en el disco, puesto que han disfrutado del privilegio de oír ese repertorio en la coloratura turquesa (con destellos de esmeralda) de su entonación en los directos. En descargo de Ediciones de La Discreta, y en el mío propio, tengo que decir que la grabación, en casa de Alfaya, obedecía a la oportunidad de tener constancia del formato en que hasta entonces se había desarrollado el recital de Mir, y suponía en principio únicamente una referencia para el subsiguiente montaje con Mónica y Ainhoa. Luego surgió la idea de adjuntarlo pegado a las tapas del libro, y más tarde aún la posibilidad de darle entidad independiente. Todos estos vaivenes en un prodigio de trabajo a contrarreloj por el imperativo sobrevenido de intentar llegar a tiempo para la inminente gira. No fue fácil, y estoy orgulloso de haber participado en ese logro, en deuda siempre con la afable eficiencia de Alfaya en sus múltiples facetas de técnico, músico, cantante y compositor, la amable sabiduría de Félix Arribas en la edición y mezcla, amén de sus finas aportaciones de percusión, la pronta eficacia de Tamarán Junco en los gráficos, la poderosa ductilidad del recitado de Noemí, la comprensión energética de Juan y Roberto para robarles antiguos recitados…
Por supuesto que ahora en el cedé se echa de menos la voz de Mónica en el “Plumón de nido” y en el “Son del ingenio”, o su llamada selvática de inicio de “A capriccio” y “Diana”, pero todo eso al fin y al cabo es parte de la evolución natural del montaje de un espectáculo, que se modela en función de la gente que interviene en él y se va decantando a lo largo de años hasta llegar a culminar, por ejemplo, en la magnífica rotundidad del “Hay un país en el mundo” que hemos realizado en la gira, al incorporar el ya famoso pasaje de “País inverosímil” y el colofón de la suave coda final que a Juan se le reveló en el último ensayo antes de arribar a tierras dominicanas… Todo esto más de diez años después del primer recital en el Café España, en Valladolid, con Fernando Fajardo de inductor y Roberto Ripio recitando, y unos cinco años depués de haberlo grabado en el CD precisamente titulado “Son del ingenio”. ¡Pero si a mí el Son como canción se me apareció la noche anterior a la presentación de la segunda edición del libro de Mir en el Ateneo de Madrid el año pasado! Caminos largos y sinuosos, brusco tropel de raíles neuronales para el alumbramiento del song…
Con todo esto quería decir, precisamente, que la virtud y el defecto de fotos y grabaciones es que retratan, congelan y preservan un momento pasado, y a ese pretérito pertenecen. Así ocurre con ese disco urgente, superado nada más nacer por el empuje creativo de la Yebra y la peripecia troupical dominicana. Actualizarlo, ponerlo al día, supondría sencillamente hacer un nuevo retrato de su estado actual, una nueva grabación, y por mí encantado; pero, por favor, con las condiciones de parsimonia y medios que un señor disco requiere.
Dicho lo cual (Amén de mariposas, pues), gracias, Ana y Mónica, por transmitirnos de tan bella manera vuestras impresiones y afectos. Por favor, Ana, cuando puedas le haces llegar mi efusivo agradecimiento y aprecio a Doña Carmina.
Pedro
Juan dijo:
mayo 14, 2010 a 9:47 am
¡Cómo me alegran las palabras de Mónica! ¡Y qué bien dichas que están! Para cuándo un encuentro para el visionado y escuchado de fotos, vídeos y canciones. Por cierto, me compré dos discos (Pappo Lucca con su Ponceña, y Héctor Lavoe con Willie Colón y la Fania) en la Fundación absolutamente sublimes. Tengo que pasároslos.
Yo también tengo mi ración de almíbar que se me quiere salir de los dedos, pero el inminente congreso de Barcelona me tiene atrapado.